—La cena esta lista —dijo el muchacho
desde la puerta sobresaltando a Jade.
Era
un chico joven y alto, de unos diecisiete o dieciocho años. Un pequeño, pero a
su vez vistoso pendiente resaltaba en la parte superior de su oreja acompañado
por un cabello negro y corto. Tenía unos ojos oscuros, de un marrón roble que
estaban fijos en Jade, mientras que su piel mostraba un leve moreno.
—Gracias, en seguida bajo.
—¿Quieres que te ayude en algo? —dijo
moviendo la cabeza para indicar en montón de ropa que había en el suelo.
—No tranquilo, se me han caído —dijo
Jade un poco avergonzada—. Ahora mismo las recogeré.
El
muchacho no hizo caso omiso a las palabras de Jade, y se encaminó hacia el
bordillo de la cama donde se encontraban las cosas. Se agachó, cogió
cuidadosamente las prendas del suelo, y se las tendió a la muchacha
.
—Gracias, —los colocó en el armario—
pero puedo sola.
—A! Lo siento, no quería molestarte,
solo pretendía ayudar. Los viajes suelen ser muy pesados. —Jade le sonrió para aceptar
las disculpas. —Por cierto, me llamo Beck.
—Encantada —dijo la muchacha tímida.
—Y tú debes de ser… —dijo esperando a
que le respondiera.
—Jade, yo me llamo Jade.
—Nos estarán esperando, vamos.
Comenzaron
a caminar por el pasillo que estaba decorado por las fotos que Jade analizó al
principio, pero esta vez su mirada estaba fija en muchacho que tenía en frente.
Lucía una espalda ancha y firme, y unos brazos musculosos.
Cuando
el Beck se dio la vuelta para asegurar que la muchacha la seguía, Jade miró al
suelo sonrojada. La había pillada observándolo. Cuando éste volvió a mirar
adelante, la muchacha colocó su mirada fija en el tatuaje que llevaba en el
cuello, detrás de la oreja. —Es precioso— pensó en instante en que lo vio. Eran
dos plumas sujetas por algo que parecía cuero, y decoradas con pequeñas perlas.
Jade intentó averiguar su significado. En su mente se dibujaron varias teorías,
primero pensó que podría ser simplemente por que le gustaba, pero en seguida
cambió de opinión. Esta vez supuso que su significado tenía que ver con los
orígenes del pueblo, con los indios en efecto.
Sus
pensamientos se cortaron cuando se vio en medio del comedor con un par de
miradas enfocándola. Ella hizo lo mismo. Un hombre mayor se sentaba con las
manos cruzadas. Lucía un jersey de cuadros muy simple, tan simple que a Jade le
gusto. Tenía el pelo largo, pero a pesar de que ella opinaba que los chicos el
pelo largo les quedaba mal, aquel hombre le hizo cambiar de opinión, le
favorecía.Junto a él, justo al lado, se hallaba una mujer de una estatura
mediana. Su cabello también era muy largo, pero ella la tenía sujeta en una
bonita trenza.
Tom
entraba en la cocina con una fuente cuando Beck alargó la mano para intentar
coger algo, pero falló.
—Ts! Ni se te ocurra —dijo mientras lo
apartaba de entre los brazos de Beck.
—E preparado una ensalada y un poco de
pescado, —dijo invitándome a sentarme— no se si te gustan.
—Claro que me gusta, no te preocupes por
nada.
Comenzaron
a comer en silencio. Nadie hablaba. Tom no sabía que decir. Saboreó lo que
tenía en la boca, y después de tragarlo decidió que lo mejor sería decir algo.
—Jade, estos son Billy y Jena Wilder, no
se si te acuerdas de ellos.
—Yo… No, lo siento. —dijo entristecida.
—No pasa nada pequeña, —dijo Jena
sonriendo— tenemos tiempo para conocernos.
—Éste es Beck —dijo Tom fijando la
mirada en él—.
—Ya nos hemos presentado antes. —Billy
le dio un codazo por hablar con la boca llena. — Lo siento —dijo mientras todos
comenzábamos a reír.
La
cena transcurrió, y para todos fue un poco incomodo. Nadie sabía que decir.
Cunado los Wilder se fueron a casa, Jade se quedó ayudándole a su padre a
recogerlo todo.
—No quiero presionarte, pero aún no me
los has contado todo.
—Así es, —Jade cogió aire. — Como te he
dicho antes, quiero que seas parte de mi vida.
—Pero entonces te quedas a vivir con
migo?
—Yo… pensaba en ello… pero no pasa nada
si no puedes…
—Claro que puedo, mañana te ayudaré a sacar
las cosas de la habitación.
—No te molestes, ya lo aré yo.
—Jade, deja de preocuparte por mi ¿vale?
—Pero si ni siquiera sabes lo que me
pasa Jade, tranquila.
—Lo que sé es que te acabo de encontrar,
que estas enfermo, y que no te quiero perder papa. Solo eso.
—No me perderás —dijo Tom triste—. Ahora
que vas a vivir aquí, y los estudios? La semana que viene comienzan las clases,
supongo que aún te aceptarán, pero más vale que vallamos mañana.
—Tienes razón.
—Mierda! —dijo al acordarse de su
consulta—. Mañana tengo que ir al medico.
—No pasa nada, ya me las apañare.
—No quiero que vayas sola… Le diré a
Beck que te acompañe.
—Papá, tengo diecisiete años, no cinco,
puedo sola.
—Esta bien..





