viernes, 4 de enero de 2013

CAPÍTULO 5


—La cena esta lista —dijo el muchacho desde la puerta sobresaltando a Jade.

            Era un chico joven y alto, de unos diecisiete o dieciocho años. Un pequeño, pero a su vez vistoso pendiente resaltaba en la parte superior de su oreja acompañado por un cabello negro y corto. Tenía unos ojos oscuros, de un marrón roble que estaban fijos en Jade, mientras que su piel mostraba un leve moreno.

—Gracias, en seguida bajo.
—¿Quieres que te ayude en algo? —dijo moviendo la cabeza para indicar en montón de ropa que había en el suelo.
—No tranquilo, se me han caído —dijo Jade un poco avergonzada—. Ahora mismo las recogeré.

            El muchacho no hizo caso omiso a las palabras de Jade, y se encaminó hacia el bordillo de la cama donde se encontraban las cosas. Se agachó, cogió cuidadosamente las prendas del suelo, y se las tendió a la muchacha
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—Gracias, —los colocó en el armario— pero puedo sola.
—A! Lo siento, no quería molestarte, solo pretendía ayudar. Los viajes suelen ser muy pesados. —Jade le sonrió para aceptar las disculpas. —Por cierto, me llamo Beck.
—Encantada —dijo la muchacha tímida.
—Y tú debes de ser… —dijo esperando a que le respondiera.
—Jade, yo me llamo Jade.
—Nos estarán esperando, vamos.

            Comenzaron a caminar por el pasillo que estaba decorado por las fotos que Jade analizó al principio, pero esta vez su mirada estaba fija en muchacho que tenía en frente. Lucía una espalda ancha y firme, y unos brazos musculosos.

            Cuando el Beck se dio la vuelta para asegurar que la muchacha la seguía, Jade miró al suelo sonrojada. La había pillada observándolo. Cuando éste volvió a mirar adelante, la muchacha colocó su mirada fija en el tatuaje que llevaba en el cuello, detrás de la oreja. —Es precioso— pensó en instante en que lo vio. Eran dos plumas sujetas por algo que parecía cuero, y decoradas con pequeñas perlas. Jade intentó averiguar su significado. En su mente se dibujaron varias teorías, primero pensó que podría ser simplemente por que le gustaba, pero en seguida cambió de opinión. Esta vez supuso que su significado tenía que ver con los orígenes del pueblo, con los indios en efecto.

            Sus pensamientos se cortaron cuando se vio en medio del comedor con un par de miradas enfocándola. Ella hizo lo mismo. Un hombre mayor se sentaba con las manos cruzadas. Lucía un jersey de cuadros muy simple, tan simple que a Jade le gusto. Tenía el pelo largo, pero a pesar de que ella opinaba que los chicos el pelo largo les quedaba mal, aquel hombre le hizo cambiar de opinión, le favorecía.Junto a él, justo al lado, se hallaba una mujer de una estatura mediana. Su cabello también era muy largo, pero ella la tenía sujeta en una bonita trenza.

            Tom entraba en la cocina con una fuente cuando Beck alargó la mano para intentar coger algo, pero falló.

—Ts! Ni se te ocurra —dijo mientras lo apartaba de entre los brazos de Beck.
—E preparado una ensalada y un poco de pescado, —dijo invitándome a sentarme— no se si te gustan.
—Claro que me gusta, no te preocupes por nada.

            Comenzaron a comer en silencio. Nadie hablaba. Tom no sabía que decir. Saboreó lo que tenía en la boca, y después de tragarlo decidió que lo mejor sería decir algo.

—Jade, estos son Billy y Jena Wilder, no se si te acuerdas de ellos.
—Yo… No, lo siento. —dijo entristecida.
—No pasa nada pequeña, —dijo Jena sonriendo— tenemos tiempo para conocernos.
—Éste es Beck —dijo Tom fijando la mirada en él—.
—Ya nos hemos presentado antes. —Billy le dio un codazo por hablar con la boca llena. — Lo siento —dijo mientras todos comenzábamos a reír.

            La cena transcurrió, y para todos fue un poco incomodo. Nadie sabía que decir. Cunado los Wilder se fueron a casa, Jade se quedó ayudándole a su padre a recogerlo todo.

—No quiero presionarte, pero aún no me los has contado todo.
—Así es, —Jade cogió aire. — Como te he dicho antes, quiero que seas parte de mi vida.
—Pero entonces te quedas a vivir con migo?
—Yo… pensaba en ello… pero no pasa nada si no puedes…
—Claro que puedo, mañana te ayudaré a sacar las cosas de la habitación.
—No te molestes, ya lo aré yo.
—Jade, deja de preocuparte por mi ¿vale?
—Esta bien, pero no quiero que te esfuerces.
—Pero si ni siquiera sabes lo que me pasa Jade, tranquila.
—Lo que sé es que te acabo de encontrar, que estas enfermo, y que no te quiero perder papa. Solo eso.
—No me perderás —dijo Tom triste—. Ahora que vas a vivir aquí, y los estudios? La semana que viene comienzan las clases, supongo que aún te aceptarán, pero más vale que vallamos mañana.
—Tienes razón.
—Mierda! —dijo al acordarse de su consulta—. Mañana tengo que ir al medico.
—No pasa nada, ya me las apañare.
—No quiero que vayas sola… Le diré a Beck que te acompañe.
—Papá, tengo diecisiete años, no cinco, puedo sola.
—Esta bien.


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jueves, 3 de enero de 2013

CAPÍTULO 4


           El padre cogió la maleta, y comenzó a subir las escaleras después de indicarle a la muchacha que la siguiera. Las subieron con un silencio en el ambiente que nadie procuro romper. El señor Raymond estaba asimilando aún que tuviera delante de él a su padre, Jade en cambio, disfrutaba contemplando los alrededores de la casa. Llegaron a la segunda planta, y la joven no pudo evitar pararse y contemplarlas. Muchas eran de su padre, rodeado por montes, lagos, amigos, familia, ella…

            Mientras Jade miraba las fotos, Tom colocó la pequeña maleta en una habitación. Era muy simple, y en las estanterías aún había pequeñas figuras. Era la habitación de Jade. Tom nunca tiró las cosas de su hija. Siempre tuvo la esperanza de que algún día volviera.

—Vaya —dijo la muchacha entrando en la habitación y cogiendo una figura de una cómoda—, lo siento, no quería molestarte —añadió cuando vio la cara de sorpresa de Tom—.
—Tranquila no me molestas, esta era tu habitación. Esta echo desastre. Supongo que para un par de días te servirá.
—Hablando de días, —Le miró a los ojos—Yo…
—¿Qué pasa Jade? —dijo mientras mostraba una cara de preocupación.
—Yo no pensaba quedarme solo un par de días…
—¿Qué quieres decir con eso?
—Lo que quiero decir es que quiero ser parte de tu vida. Quiero recuperar el tiempo perdido papá. Quiero vivir contigo.
—Pero, ¿Y tu madre? —dijo el padre asustado.

            Tom temía que Anne le hubiera contado algo a Jade, no se lo podía permitir. Aunque fuera su hija, la acababa de conocer, y no sabía si podía confiar en ella.

—Mamá no va a hacer nada. No me hablo con ella.
—¿Qué a pasado Jade? ¿Por qué no me explicas todo esto?
—Oí a mamá hablar por teléfono. Oí que no me abandonaste. Que mamá no te dejaba verme.
—Yo, ¿abandonarte a ti?
—Si papá, desde pequeña me han hecho creer que me abandonaste. Pero ahora se que no es verdad, que tu no podías hacer nada porque mamá te lo impedía.
—¿Qué más oíste? —dijo muy preocupado.
—Algo sobre muertes, pero no lo entendí. También oí que estás enfermo papá. —Tom agachó la cabeza, eran demasiadas cosas para un día. —Mira papá, me da igual que pasó entre vosotros, además no sé que hago metiéndome así de golpe en tu vida. Ni siquiera sé si me querías ver… Yo solo… —Jade comenzó a llorar.
—Tranquila, me tienes aquí. No dejare que me vuelvan a alejar de ti.
—¿Me lo prometes? —dijo Jade mientras se secaba un par de lágrimas.
—Te lo prometo —dijo Tom acercándose y abrazándola.

            Los dos estuvieron así durante un buen tiempo. Cada uno con sus pensamientos. Tom tenía muchas preocupaciones en mente… Su secreto, el de los chicos, los orígenes de Jade, su enfermedad, una nueva vida… Eran muchas cosas acumuladas. Jade en cambió se sentía feliz. Por el momento le daban igual las razones, simplemente se aferraba a su padre lo más fuerte posible con miedo a perderle de nuevo.

            Ese abrazo tan deseado se rompió cuando la puerta de la casa se abrió y se oyeron a unos muchachos hablar.

—Deben de ser los chicos —dijo Tom —. Habíamos quedado para cenar. Sera mejor que baje a avisarles de que hoy no es buen día.
—Papá —dijo Jade cogiendo el brazo de su padre para impedir que saliera de la habitación—. No es necesario. No quiero meterme en tu día a día.
—Jade, si tal y como lo dices te vas a quedar, ere mi día a día.
—Bueno, pues en ese caso sigue tu vida tal y como lo es ahora. Yo ya me iré adaptando.
—¿Segura?
—Sí, tranquilo. —Jade sonrió.
—Cuando prepare las cosas mandaré a alguien para avisarte, así tendars tiempo de desacer la maleta.

            Después de que los dos sonrieran, el padre de Jade salió de la puerta y camino por el pasillo cuando:

—Papa, —Tom se dio la vuelta para mirarla. — Gracias.


            Jade ordenó la habitación un poco, no mucho. No quería invadir la casa del señor Raymond. Simplemente deshizo la maleta, y colocó otra manta encima de la cama por si acaso. Sacó el móvil para mirarlo, y en él había muchas llamadas de su madre las cuales había ignorado, y un mensaje.

            “Cariño, lo siento mucho. Yo solo pretendía hacer lo mejor para ti. Comprendo que no quieras estar con migo. Pero por favor, dime que estas bien.”

            Jade decidió que lo mejor sería responderla. Así se ahorraría más llamadas, y tampoco quería que su madre se volviera loca.

            “Estoy bien, estoy en casa con papá.”

            Estaba esperando a que su madre respondiera o algo cuando un muchacho se asomó a la puerta. 


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miércoles, 2 de enero de 2013

CAPÍTULO 3



            Jade comenzó a dar pasos lentos pero firmes por el pequeño camino que llegaba asta el porche. Por el camino analizó inconscientemente todos los detalles de su alrededor. El césped de un color verde oscuro, el camino que pisaba que era de unas tablas de madera viejas, pero que al mismo tiempo ese viejo y gastado color le daban belleza, los árboles que rodeaban la casa y que se movían levemente a causa del viento…

Los tótems que había cerca del camino le llamaron la atención a la muchacha. Por lo que investigó, Kenora era un pueblo de orígenes indios. Y por lo que estaba viendo, su padre tenía muy presentes sus orígenes.

Sin darse cuenta ya había subido las escaleras y se encontraba en frente de la puerta. Con toda tranquilidad, le dio un par de golpecitos a la puerta. En seguida se arrepintió de lo que había echo. Quería salir corriendo.


Tom estaba leyendo un viejo libro mientras se calentaba junto a la chimenea cuando alguien tocó el timbre. Se asombró un poco, no esperaba a nadie. Los chicos habían quedado para pasarse por la casa más tarde, de hecho habían asegurado que se pasarían muy tarde, ya entrada la noche.

Colocó el pequeño libro en la cómoda que tenía al lado, y se incorporo. Camino despacio a la puerta, y después de colocarse bien el abrigo de lana que vestía giró el mango de la puerta para asomarse. Delante de él había una muchacha joven, de unos diecisiete o dieciocho años. Un cabello ondulado de color avellana, unos ojos miel, unas pecas que inundaban su cara… le era muy familiar, pero no conseguía identificarla. El señor Raymond intentaba adivinarlo cuando Jade hablo:

—Hola —dijo con una voz temblorosa.
—Hola. —Tom estaba descolocado—. ¿Puedo ayudarla en algo?
—Yo… Pues… —Tardó un momento en responder—. ¿Es usted el Señor Raymond?
—Así es, pero por favor, llámeme Tom —dijo sonriendo.
—Quisiera hablar con usted, es algo importante.
—Pues claro, pasa —dijo indicando con la mano la puerta.

            Jade entró en la casa junto con la maleta que llevaba desde el principio en la mano, y siguió al señor Raymond asta el salón. La casa era preciosa, tenía una decoración antigua y muy acogedora. Una vez se incorporaron en las butacas cerca de la caliente chimenea, un pequeño silencio inundó el aire. Tom lo rompió:

—Bueno —dijo Tom mientras le daba un sorbo al café que anteriormente había dejado en la cómoda—, ¿y qué era eso tan importante del que teníamos que hablar?
—Pues… Yo… —A la muchacha se le ahogaban las palabras en la garganta. —No sé por donde empezar…

            Para evitar la mirada de su padre, la joven cogió en la mano un marco que protegía una foto muy bonita. En ella se mostraba a la pequeña junto a su padre. Jade sintió como las lágrimas comenzaban a formarse en sus ojos, pero ella intentó aguantar, simplemente sonrió para ocultarlas.

—Es preciosa —dijo mostrándole la foto a Tom—.
—Es mi hija. —Sonrió— Ahora tendrá más o menos tu edad.

            Jade seguía sonriendo, esta vez por que al mirar de nuevo la foto, se dio cuenta de que era muy curiosa.

—Era un día de invierno cuando mi pequeña y yo decidimos acampar en los alrededores para disfrutar de las estrellas —comenzó el señor Raymond al darse cuenta de la cara de interés que mostraba Jade—. Pero lo que había comenzado siendo una noche preciosa y con el cielo despejado, acabó por ser un cielo oscuro y enfadado. La lluvia no cesaba, mucho menos los relámpagos y los truenos. —le dio otro sorbo al café. — Al principio comenzamos a caminar con paso ligero para llegar a la casa, pero dado que Jade estaba muy asustada por los truenos, y que con la lluvia y el frio corríamos el riesgo de enfermar, comenzamos a correr —dijo mientras una sonrisa se dibujaba en su rostro al recordarlo—. Pero por el camino la pequeña tropezó con una rama, y se cayó al suelo. La cogí en brazos mientras lloraba, y después de un rato llegamos a casa.
—¿Esta foto es después de llegar a casa? —Dijo Jade mientras una sonrisa iluminaba también su cara— Pobrecita, está llena de barro.
—Así es. Por eso la sacamos, cuando la pequeña se tranquilizó y vio las pintas que llevaba, quiso sacarse una foto. Bueno, antes de que te aburra, ¿Qué era eso tan importante que me querías contar?

            El pulso de Jade comenzó a acelerarse, y sus manos a sudar. La pobre no sabía como decírselo. Al final opto por dejar de dar rodeos, y decírselo directamente.

—Soy yo papa, soy Jade —dijo mientras una lagrima descendía por su mejilla—.
—Pero… No puede ser… Tu… Pero Anne…
—Soy yo, de verdad —dijo alargando la mano para enseñarle el lunar que tenía en ella—.
—Pero ¿Cómo es que has venido sin avisar? ¿Y tu madre?
—¿Puedo explicártelo después? Ahora solo necesito un abrazo tuyo, por favor.

            Su padre no dijo nada, simplemente la abrazó. Llevaban mucho tiempo sin verse, y todos los sentimientos, tanto felices y triste, tanto alegrías y enfados… Todo salió en forma de llanto. Tom se apartaba de vez en cuando para mirarla bien, y le secaba las lágrimas a Jade mientras que en su mente las palabras “esto parece un sueño” daban vueltas. Al cabo de un rato, acabaron por separarse.

—Estarás cansada, quieres que te prepare algo para comer? —dijo Tom borrando las lagrimas que había en sus mejillas.
—Me encantaría —dijo Jade aun llorando—. Tengo muchas cosas para contarte papá.
—Y yo a ti pequeña, y yo a ti.


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viernes, 28 de diciembre de 2012

CAPÍTULO 2



           Jade pasó un buen rato en el parque. Fue algo extraño, una casualidad mejor dicho, pero en ese mismo instante comenzó a llover. Al principio era unas pequeñas gotas, gotas que en un verano tan cálido cualquiera agradecía, pero con el paso del tiempo se aumentaron asta que comenzaran a caer en forma de chaparrón. Ella no se levanto. Simplemente se abrazó las rodillas y se quedó con la mirada fija en un árbol.

Las gotas descendían por su frente, y el frío comenzaba a invadir su cuerpo. Con todo lo que tenía en mente, el sonido de lluvia la relajaba y el sonido de las hojas de los árboles que se movían a causa del viento la despejaba.

Unos brazos colocaron un abrigo encima de ella, y luego la misma persona camino despacio para agacharse delante. La muchacha también estaba mojada, empapada mejor dicho. A Jade se le hizo familiar su rostro. Era Janet, una de sus amigas.

            La muchacha acabo arrodillándose para colocarse en una mejor posición, y la miro un rato. Después le colocó mejor el abrigo, y la abrazó lo más fuerte que pudo. Jade la correspondió llorando. Al separarse:

—Vámonos Jade —dijo la joven ayudándola a incorporarse—. Estas empapada.

            En el umbral estaban esperando Sara y Lisa, que en el instante que vieron a Jade bien suspiraron de alivio.

            Ayudaron a que Jade entrara en casa, y Janet le trajo ropa seca mientras las demás la acompañaban a la sala de estar. Se vistió con la ropa de su amiga, y le dio un sorbo al café que anteriormente le habían preparado.

Chicas, yo… Es que…Jade no podía hablar.
Tranquila, estamos aquí. Tómate tu tiempodijo Sara mientras la ayudaba a entrar en calor.
—¿Cómo me habéis encontrado?dijo una vez que sé tranquilizó.
Tu madre nos ha llamado diciendo que habíais discutido y que te habías escapado.—Sara suspiró.
Siempre que te sucede algo grabe vas al mismo sitio Jadedijo Lisa. Nos tienes aquí. Para lo bueno y para lo malo. Lo sabes.Jade asintió y se acurruco junto a ellas.

            Pasaron semanas, pero Jade ya lo había decidido. Las explicaciones de su madre no le servían de nada, además no la creía. Ya no sabía cuando mentía, ni cuando decía la verdad. Jade no sabía quien era. No sabía nada de su procedencia.

 Sus amigas la apoyaron en todo, la aconsejaron, le ayudaron a buscar información…No consiguió hablar con su padre. Tampoco es que lo intentara mucho, le daba miedo, vergüenza… muchos sentimientos acumulados, así que decidió ir en busca de él con toda la información que tenía.


Cogió la maleta, y se dirigió al taxi que la esperaba en el aeropuerto de Kenora.  Así se llamaba el pueblo, Kenora. Era el típico pueblo rodeado de lagos y bosques de Canadá. Durante todo el trayecto no paro de mirar por la ventana. Todo era muy distinto. El clima especialmente. A pesar de que fuera verano, el cielo estaba un poco oscuro, y había humedad por todos los lados. Por la ventana se apreciaban los bosques que estaban preciosos y sin que nadie los tocara comparados con los de California.

Pasó unos siete u ocho minutos aproximadamente en el coche cuando comenzó a avistar las primeras casas del pueblo.

Antes de que se diera cuenta el conductor paró, y la miro:

—Ya hemos llegado. Espero que haya disfrutado el trayecto.
—Muchísimas gracias —dijo Jade mientras le daba el dinero—. Estamos en el centro?
—Así es. —El muchacho sonrió. —Estamos en la avenida Mellick. Perdona mi atrevimiento pero ¿Eres nueva?
—Tranquilo, no pasa nada, y sí, soy nueva—Dijo Jade mientras le dedicaba una sonrisa—. Vives aquí?
—No, soy de un pueblo cercano, pero conozco este pueblo perfectamente.
—Vaya! Entonces puede que sepas donde vive Tom Raymond.
—¿Tom? Pues claro! Todo el pueblo le conoce. —El muchacho mostro una cara feliz al pensar en el. — Vive en una casa cerca del orilla del lago, cerca del cementerio.
—Vaya…
—¿Que pasa? —dijo el muchacho mientras mostraba una cara leve preocupación.
—Que no tengo ni idea de donde puede estar.
—Si quieres te acerco que no me cuesta nada.
—No es necesario tranquilo.
—Yo creo que si —dijo el muchacho mostrando una sonrisa en su rostro—. No te lo cobraré tranquila.
—A, no, no te lo decía por dinero solo…
—Tranquila, no pasa nada. —El muchacho se rio y Jade le correspondió.

            El taxi volvió a ponerse en marcha, y el silencio inundó por unos instantes los alrededores.

—Y como es que una muchacha tan joven ha venido sola aquí?
—E venido a conocer mi pueblo natal —dijo Jade con la esperanza de que el muchacho no preguntara más sobre el tema.
—Vaya, eso es muy interesante.  Espero volver a verte, y si no suerte!


            Jade salió del taxi y después de despedirse del muchacho avistó por primera vez su verdadero hogar. Una casa muy grande, echa de madera y decorada por unos tótems. Esa casa le producía tranquilidad y calor, pero al mismo tiempo curiosidad e inquietud.

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viernes, 7 de diciembre de 2012

CAPITULO 1


“La vida es como una montaña rusa, tiene subidas y bajadas”. Siempre le ha gustado esa frase a Jade. Pensaba que era muy realista, aunque últimamente se había quedado estancada en la bajada. La semana estaba siendo un asco y la muchacha no comprendía por qué.
Era verano y, a pesar de que casi todos los días salía con sus amigos, se sentía sola. Esa extraña sensación la invadía por completo. En parte pensaba que era porque su mejor amiga estaba fuera, pero, un día sin más, un suceso le abrió los ojos y lo comprendió todo.

El despertador comenzó a sonar y lo apagó de mal humor. La mañana anterior tuvo que madrugar para despedir a la tía Judith, que había pasado unos días con ellas. Ese día, en cambio su objetivo era pasar toda la mañana durmiendo. No obstante, se había olvidado de apagar el despertador la noche anterior, así que, como ya estaba despierta, decidió levantarse y aprovechar la mañana.

Se adentró en la cocina, y en la sala de estar se oía a su madre hablando por teléfono. Lo tenía en altavoz, así que supuso que estaría pintándose las uñas o algo por el estilo. No prestó atención a la conversación, en vez de eso cogió una taza, y echó cereales en ella. Luego, paso un instante decidiéndose si tomar un café o simplemente cereales con leche. Al final se decanto por la segunda opción y llenó la taza de leche.

Su mirada se perdió por la ventana. Dejo de pensar en los problemas por un instante. Lo único que se oía a su alrededor era el crujir de los cereales en la boca y la voz de su madre al hablar. La otra voz con la que conversaba le era familiar, pero no conseguía identificarla. La curiosidad la pudo así que la conversación se convirtió en su centro de atención.

Deberías hablar con él ―decía la voz del desconocido―. Él también tiene derecho, ahora más que nunca además.
¿Ahora más que nunca? Emily, ya sabes que ha tenido más de diez años para intentarlo, y no ha hecho nada —Esta era su madre y en su voz se notaba una rabia que Grace no percibía desde hacía mucho tiempo.
Tú también has tenido todo este tiempo Anne, y no has hecho nada.
Lo sé, pero se supone que él debería poner más de su parte, ¿no crees? Debería haberse molestado en saber algo de su hija.
¿Pero no te das cuenta de que no le dejaste opción?
¿Qué dices? —La conversación era más interesante de lo que la muchcha había pensado. 
Saboreó otra cucharada de cereales mientras seguía concentrada.
Te recuerdo que cuando lo vuestro se torció lo amenazaste. ¿O acaso no te acuerdas?
¿Y que querías que hiciera? ¡Podía haberle hecho daño a Jade! —la mente de Grace se puso en marcha, “¿Mi nombre? ¿Pero, qué pintaba yo en la conversación? ¿Y qué significaba que él debía preocuparse más por su hija? Un momento, ¿papá?”
¿Acaso crees que la tocaría? Vamos Anne, sabes que él no haría algo así. En cambio tú le amenazaste con revelarlo todo, ¡y le quitaste el derecho a ver a su hija!
¿Qué querías que hiciera? Te recuerdo que ese mes murieron 5 vecinos, Emily —Anne parecía realmente alterada—. ¿Cómo sabes que fue él? ¿Acaso tienes pruebas?
—¡No podía dejar a Jade en la misma casa! ¡Es mejor así!
Anne, tú le querías —Cogió la taza que anteriormente había dejado en la encimera y comenzó a caminar hacía ella. Necesitaba explicaciones.
Fue un error, ¿vale? Él es mayor que yo.
¿Y eso qué importa? ¡Erais la pareja más feliz del pueblo! ¡Él tiene derecho a verla y tu hija también!
Pero, ¿por qué te entrometes, Emily? ¿Por qué ahora, después de más de diez años? ¡No es asunto tuyo!
¿Que por qué? ¿En serio me lo preguntas? No aguanto llevar esta carga, Anne. No soporto tener que guardar el secreto. Es muy difícil aguantármelo cada vez que estoy con Jade. ¡Ella confía en mí!
Pero, si lo has hecho durante estos años, ¿por qué ahora de repente quieres hablar? ¿Por qué? ¡No lo comprendo! —Pudo oír a su madre soltar un gran suspiro.
Vale, tú lo has querido; Tom está enfermo. No quiero que por tus estupideces Jade no vuelva a estar con su padre. ¡Joder! Tom es mi amigo y tiene derecho a verla, Anne, no le queda mucho.
Emily, yo… No puedo, sabes que no. No puedo hacer nada. Es lo mejor para Jade.
¿Qué es mejor para mí, mamá? —dijo atropelladamente entrando en la cocina, sobresaltándola. Podía notar cómo por sus mejillas comenzaban a caer las lágrimas—. ¿Por quién me tomas? Durante todos estos años me he preguntado el porqué de que papá nos abandonara, y, ¿resulta que no es así? ¿Resulta que tú no le permites verme? —Se acercó a ella, señalándole con el dedo índice mientras con la otra mano se enjuagaba las pocas lágrimas que no lograba reprimir—. ¿Mi padre se muere y tú ni siquiera me lo pensabas decir?
Jade, puedo explicártelo. Yo…
¿Ahora? ¿Me lo piensas explicar ahora? ¡Si no hubiera oído esta conversación me habrías seguido mintiendo! ¡Vete a la mierda, mamá! —Salió corriendo de aquella horrible casa, ni siquiera molestándose en coger el abrigo.
-¿Jade a donde vas? ¡Vuelve! —Su madre gritó, en el umbral de la puerta. Sin mirar hacia atrás, se deslizó fuera de la parcela de jardín, descargando su furia en uno de los enanitos de jardín que adornaban la entrada.

Jade se perdió entre las calles hasta que llegó a un parque desierto, con tan sólo algún que otro deportista y una pareja paseando de la mano. La pobre no podía más, era todo demasiado. Cayó de rodillas, desesperada, y todas las lágrimas que había procurado no derramar salieron como cataratas. El mundo se le caía encima.


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