El padre cogió la maleta, y comenzó a subir las escaleras después de indicarle a la muchacha que la siguiera. Las subieron con un silencio en el ambiente que nadie procuro romper. El señor Raymond estaba asimilando aún que tuviera delante de él a su padre, Jade en cambio, disfrutaba contemplando los alrededores de la casa. Llegaron a la segunda planta, y la joven no pudo evitar pararse y contemplarlas. Muchas eran de su padre, rodeado por montes, lagos, amigos, familia, ella…
Mientras Jade miraba las fotos, Tom colocó la pequeña maleta en una habitación. Era muy simple, y en las estanterías aún había pequeñas figuras. Era la habitación de Jade. Tom nunca tiró las cosas de su hija. Siempre tuvo la esperanza de que algún día volviera.
—Vaya —dijo la muchacha entrando en la habitación y cogiendo una figura de una cómoda—, lo siento, no quería molestarte —añadió cuando vio la cara de sorpresa de Tom—.
—Tranquila no me molestas, esta era tu habitación. Esta echo desastre. Supongo que para un par de días te servirá.
—Hablando de días, —Le miró a los ojos—Yo…
—¿Qué pasa Jade? —dijo mientras mostraba una cara de preocupación.
—Yo no pensaba quedarme solo un par de días…
—¿Qué quieres decir con eso?
—Lo que quiero decir es que quiero ser parte de tu vida. Quiero recuperar el tiempo perdido papá. Quiero vivir contigo.
—Pero, ¿Y tu madre? —dijo el padre asustado.
Tom temía que Anne le hubiera contado algo a Jade, no se lo podía permitir. Aunque fuera su hija, la acababa de conocer, y no sabía si podía confiar en ella.
—Mamá no va a hacer nada. No me hablo con ella.
—¿Qué a pasado Jade? ¿Por qué no me explicas todo esto?
—Oí a mamá hablar por teléfono. Oí que no me abandonaste. Que mamá no te dejaba verme.
—Yo, ¿abandonarte a ti?
—Si papá, desde pequeña me han hecho creer que me abandonaste. Pero ahora se que no es verdad, que tu no podías hacer nada porque mamá te lo impedía.
—¿Qué más oíste? —dijo muy preocupado.
—Algo sobre muertes, pero no lo entendí. También oí que estás enfermo papá. —Tom agachó la cabeza, eran demasiadas cosas para un día. —Mira papá, me da igual que pasó entre vosotros, además no sé que hago metiéndome así de golpe en tu vida. Ni siquiera sé si me querías ver… Yo solo… —Jade comenzó a llorar.
—Tranquila, me tienes aquí. No dejare que me vuelvan a alejar de ti.
—¿Me lo prometes? —dijo Jade mientras se secaba un par de lágrimas.
—Te lo prometo —dijo Tom acercándose y abrazándola.
Los dos estuvieron así durante un buen tiempo. Cada uno con sus pensamientos. Tom tenía muchas preocupaciones en mente… Su secreto, el de los chicos, los orígenes de Jade, su enfermedad, una nueva vida… Eran muchas cosas acumuladas. Jade en cambió se sentía feliz. Por el momento le daban igual las razones, simplemente se aferraba a su padre lo más fuerte posible con miedo a perderle de nuevo.
Ese abrazo tan deseado se rompió cuando la puerta de la casa se abrió y se oyeron a unos muchachos hablar.
—Deben de ser los chicos —dijo Tom —. Habíamos quedado para cenar. Sera mejor que baje a avisarles de que hoy no es buen día.
—Papá —dijo Jade cogiendo el brazo de su padre para impedir que saliera de la habitación—. No es necesario. No quiero meterme en tu día a día.
—Jade, si tal y como lo dices te vas a quedar, ere mi día a día.
—Bueno, pues en ese caso sigue tu vida tal y como lo es ahora. Yo ya me iré adaptando.
—¿Segura?
—Sí, tranquilo. —Jade sonrió.
—Cuando prepare las cosas mandaré a alguien para avisarte, así tendars tiempo de desacer la maleta.
Después de que los dos sonrieran, el padre de Jade salió de la puerta y camino por el pasillo cuando:
—Papa, —Tom se dio la vuelta para mirarla. — Gracias.
Jade ordenó la habitación un poco, no mucho. No quería invadir la casa del señor Raymond. Simplemente deshizo la maleta, y colocó otra manta encima de la cama por si acaso. Sacó el móvil para mirarlo, y en él había muchas llamadas de su madre las cuales había ignorado, y un mensaje.
“Cariño, lo siento mucho. Yo solo pretendía hacer lo mejor para ti. Comprendo que no quieras estar con migo. Pero por favor, dime que estas bien.”
Jade decidió que lo mejor sería responderla. Así se ahorraría más llamadas, y tampoco quería que su madre se volviera loca.
“Estoy bien, estoy en casa con papá.”
Estaba esperando a que su madre respondiera o algo cuando un muchacho se asomó a la puerta.
-

asdjkbnasdfisdujsdna, me encanta, como siempre:_) a ver quién es el chico e.e JAAJJAAJA sigue así, cielo:3
ResponderEliminar